Reflexión sobre el Viernes Santo:
El grito de abandono del Viernes Santo
Jesús Martínez Gordo
En los sinópticos hay dos narraciones de la muerte de Jesús. Está, en primer lugar, la que cuenta el grito de abandono de Jesús en la cruz: “Eloí, Eloí, ¿lema Sabactani?”, “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” (Mc. 15, 33)
Es un grito que recoge la reacción que habitualmente provoca el perecimiento, es decir, la ocasión en la que no sólo se experimenta (y padece) la fragilidad de la existencia humana, sino también la angustia que semejante acontecimiento provoca. En la escatología judía, la muerte adentra en el Sheol, en el lugar en el que imperan (para siempre) el silencio, las tinieblas y en el que se da un apartamiento total del Dios de la vida, de la abundancia, del poder y, en definitiva, de la felicidad.
Esta narración de la muerte no solo se hace cargo de la soledad y del abandono de Jesús en la cruz (y más, habida cuenta del proceso seguido contra Él), sino también de la angustia que asalta a todos los humanos cuando tenemos que afrontar (más tarde o más temprano) una situación semejante. La experiencia indica –a diferencia de lo que propone la dogmática atea- que la muerte es una crítica radical a toda absolutización de la finitud, así como de los intentos de declararla aproblemática y satisfecha.
Son, como se puede apreciar, dos narraciones diametralmente opuestas.
La segunda, presidida por la confianza en Dios, narra otra manera de enfrentarse a la muerte. Es un afrontamiento en el que no desaparecen el dolor o la angustia propios de todo perecimiento, pero está dotándolos de un significado y de un sentido ignorado en la anterior narración.
Si la primera de las tradiciones de la pasión cuestiona la dogmática atea, la segunda avala y confirma la escatología “jesu-cristiana”, sin dejar de reconocer la persistencia del dolor, de la ruptura y de la angustia. Es una narración, ésta segunda, que brota de percibir el perecimiento como un segundo nacimiento, es decir, con su carga de dolor y angustia, pero también de alegría y paz.

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